La nueva Ley 20/25

Foto: diariopyme.cl

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La ley de renovables chilena se sitúa como una ley innovadora a nivel mundial y que demuestra que la sustentabilidad y la eficiencia económica son objetivos compatibles y no opuestos como intentan inútilmente demostrar los grupos de interés que se oponen a las ERNC.

El lunes 14 recién pasado, en el entorno de la central eólica en construcción “Valle de Los Vientos” de ENEL GP, el presidente Sebastián Piñera procedió a firmar la nueva ley que se ha denominado 20/25. Ello ocurre después de un largo período de un año y medio desde que fue aprobado en el Senado, y luego de un acuerdo alcanzado entre el legislativo y el gobierno en cuanto a aprobar de forma simultánea esta ley que eleva la meta de inserción de las energías renovables no convencionales (ERNC) a un 20% para el año 2025 y la ley que perfecciona el marco en que se desarrollan las concesiones eléctricas.

La promulgación de este proyecto marca un hito muy importante, que refleja el compromiso del país con la sustentabilidad de su matriz energética y además genera las condiciones para que las fuentes de energía ERNC puedan convertirse en un aporte relevante para las apremiantes necesidades de energía de Chile.

Los cambios que introduce esta ley son básicamente dos.

Primeramente, establece una nueva exigencia de la proporción de inyecciones de ERNC con una curva de crecimiento que va desde un 6% en el 2014 hasta el 20% el año 2025 y siguientes. En comparación con la exigencia vigente que estableció en su momento la Ley 20.257, la nueva curva de crecimiento incrementa en un 50% la exigencia de ERNC para 2020 y en un 100% para el 2025.

El segundo cambio que introduce la ley 20/25 es un mecanismo de licitaciones públicas que el Ministerio de Energía debe activar en caso que con anticipación estime que en un año determinado los proyectos ERNC en desarrollo no vayan a ser capaces de cumplir con el porcentaje de inyecciones exigido para ese año. Estas licitaciones públicas son neutras en tecnología y se adjudican según un criterio de evaluación basado estrictamente en precio.

Con esto, la ley de renovables chilena se sitúa como una ley innovadora a nivel mundial y que demuestra que la sustentabilidad y la eficiencia económica son objetivos compatibles y no opuestos como intentan inútilmente demostrar los grupos de interés que se oponen a las ERNC.

La eficiencia económica de la ley está asegurada doblemente. Por una parte porque la ley encarga primeramente al mercado que incorpore las ERNC suficientes para cumplir con el porcentaje de inyección correspondiente a cada año. A este respecto, es importante destacar que en el caso de las exigencias de la ley 20.257, los porcentajes de exigencia de esa ley se han superado permanentemente, habiendo alcanzado en el mes de agosto del presente año un monto que excede en un 45% las exigencias de la actual ley. Esta realidad indesmentible deriva la fuerte reducción de los precios de las ERNC, especialmente en el caso de las fuentes eólicas y fotovoltaicas.

Por otra parte, está el mecanismo de licitaciones ya mencionado. Esas licitaciones tienen un precio tope de adjudicación correspondiente al costo de desarrollo eficiente, incrementado en un 10%.

La ley 20/25 es beneficiosa en términos de sustentabilidad y eficiencia económica. La industria está en condiciones de cumplir con ella y probablemente de exceder sus metas. Sin embargo, es necesario un trabajo legislativo y regulatorio que permita eliminar los “lomos de toro” que de no atenderse, podrían comprometer la meta del 20% al 2025.

Fuente: eldinamo.cl, columna de Carlos Finat, Director Ejecutivo de la Asociación Chilena de Energías Renovables (ACERA); publicado 16 octubre 2013, enlace a fuente de la noticia

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