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Una indiferencia que debe terminar

Una indiferencia que debe terminar
Febrero 28
08:00 2012

Artículo de opinión. Han pasado 20 días desde que a la entrada del puente Presidente Ibáñez de Puerto Aysén ardiera un bote, que cual bengala iluminara de esperanza la inicua relación entre el Estado de Chile con los aiseninos. Fue el “botón de muestra” de lo que vendría con el Movimiento Social por la Región de Aysén, unión original de pescadores artesanales, empleados fiscales, trabajadores, el movimiento ciudadano Patagonia sin Represas, juntas de vecinos de Aysén, entre otros referentes regionales. Se sumaron luego colectiveros, transportistas, campesinos, profesores y un sinnúmero de organizaciones, ciudadanos y localidades completas, hoy unidos bajo la idea “Aysén, tu problema es mi problema”.

Son tres semanas en que la situación se ha tornado compleja, y aún así estamos aguantando.  Complica el tránsito del día a día, las cuentas de fin de mes, la generación de ingresos cotidianos, la integridad material y física de quienes están realizando las acciones más rigurosas.  Con todo, una gran mayoría apoya la movilización en la claridad de que nuestras demandas son justas, legítimas y que es hoy la oportunidad de alcanzarlas.  Por el interés superior de Aysén.  Nunca se ha pedido lograr el 100 por ciento de todas, pero sí que cada una sea abordada porque todas forman parte de un sentir histórico o transversal.

No es común que se movilice toda una región.  Con marchas, peñas, bloqueos de ruta, barricadas, volanteos, puerta a puerta o una simple bandera negra, está claro que somos todos obreros de este sueño en construcción.

Lamentablemente, errática ha sido la relación del gobierno con el movimiento.  Equívocas han sido sus señales, muchas de las cuales han amarrado de manos a los dirigentes para avanzar en pro del diálogo, ya que mientras en oportunidades reina la cordialidad, en paralelo el Ejecutivo dispara de tal forma que cada vez  hace más difícil alcanzar puntos de inflexión. Como si la única bencina que quedara en Aysén estuviera en poder de ciertos funcionarios, antibomberos de la política.

Ejemplo han sido sus acciones comunicacionales. Primero se dijo que éste era un movimiento político por el protagonismo de la alcaldesa PS Marisol Martínez, en circunstancias que todos los alcaldes de la región apoyan las demandas.  Luego, que estaba radicado sólo en Puerto Aysén en contraste con toda una región en movimiento.  Y, al final, que está dirigido desde Santiago y, en especial, por el movimiento ciudadano Patagonia sin Represas, que tendría el supuesto interés de radicalizar la acción, algo que para quienes vivimos en Aysén está clara su falsedad.  Lo digo con conocimiento de causa.

Lo que hemos visto, en el fondo, es indolencia.  Luego de tres semanas desde que el gobierno conociera las demandas, ha pasado demasiado tiempo para dar señales a los aiseninos sobre la solución a éstas.  Demandas históricas y conocidas desde hace mucho.  Se ha dilatado sobremanera la negociación y toma de acuerdos.  Y, aunque muchas apuntan precisamente a la descentralización, no es incoherente esto con solicitar la visita de una autoridad de rango nacional, considerando que con el sistema centralizado nacional, trabajar exclusivamente con el gabinete regional nos arriesgaría a recibir luego desde Santiago un sonoro portazo ministerial.  Como así ha ocurrido en ya demasiadas ocasiones.

Tampoco se puede achacar al movimiento la situación actual, de alta complejidad.  Ha generado situaciones negativas (las acciones de violencia contra nuestra propia gente nunca las respaldaremos), pero también que la solidaridad, el ahorro y el autosustento salgan a flote.  Porque, para qué estamos con cosas, entre los movilizados se encuentra gran parte de los gremios de la región, sectores productivos, sociales y ciudadanos incluidos.  Es decir, nosotros mismos.  Esto que hemos alcanzado (porque este nivel de adhesión ya es un logro) es histórico y lo debemos cuidar.  El llamado es a no decaer ni trastabillar,  aunque algunos actúen con una indiferencia a la que en Aysén nos queremos desacostumbrar.

La señal del arribo del ministro de Energía, Rodrigo Álvarez, ya es una muestra de flexibilidad que la región sabrá reconocer.  Porque a nadie en el movimiento y en la región (me puedo equivocar) le interesa causar daño a nuestra propia gente ni tampoco desestabilizar a este gobierno.  Los problemas que hoy enarbola Aysén se originan en un Estado que no ha estado a la altura.  Esperamos, de todo corazón, que la administración actual sepa con nosotros avanzar.

Fuente:El Divisadero – Escrito Patricio Segura  – periodista- Publicado martes 28 febrero 2012 – Enlace a la Fuente de esta Noticia  

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