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Colbun y su sugerencia a HidroAysén y del enojo de los dueños del interruptor

Colbun y su sugerencia a HidroAysén y del enojo de los dueños del interruptor
junio 05
17:36 2012

Artículo de opinión. Dicen los que saben de comunicaciones que muchas veces el mensaje no es lo importante sino el mensajero. Que en ocasiones el contenido pasa a la historia y es el envase el que permite cumplir los objetivos del emisor.

Tal fue lo que ocurrió con la sugerencia de Colbún, socio de Endesa en HidroAysén, de suspender indefinidamente los estudios para la línea de transmisión de sus 5 represas en la Patagonia. Porque el grupo Matte nada nuevo dijo, sólo repitió lo que muchas organizaciones, y chilenos y chilenas, hemos planteado desde hace ya demasiados años: no se puede avanzar en alternativas eléctricas irreversibles, de alto impacto social, ambiental y para el desarrollo económico local, mientras el país no cuente con una política energética que apunte hacia una matriz segura, limpia y económica, pero siempre bajo el prisma del interés colectivo y la legitimación ciudadana.

Así se ha dicho hasta el cansancio en el marco de la campaña Patagonia sin Represas, y lo han expresado muchos otros antes y durante esta histórica causa, y los mismos pro HidroAysén que hoy aplauden la sabiduría de los dueños de Chile ayer ponían en duda la sensatez de tal afirmación. “Pero si las instituciones funcionan y tenemos leyes eléctricas que son ejemplo para el mundo” apuntaban, mientras decidían como en un terrorífico Monopoly (¡qué mejor momento para aludir al nombre de este juego!) en qué comunidad instalarían sus termoeléctricas, sus represas o cualquier otra opción impuesta desde el olimpo.

Por eso no es novedad que la decisión sobre HidroAysén involucre, en realidad, definiciones de Estado.
Cuando la encuesta CEP de junio-julio del año pasado consultó sobre el manejo del gobierno en “temas país” incluyó los de siempre: delincuencia, pobreza, educación, medio ambiente, inflación, salud, transporte público, reconstrucción, empleo y economía. Pero a ellos sumó una sola pregunta referida a un proyecto específico: HidroAysén. Para el record quedará que la respuesta “mal o muy mal” obtuvo un 51 % (sólo superada por “educación” y “pobreza”) y “regular” sólo un 29 %. El oráculo de la encuestología (controlado, necesario es decirlo, por los Matte) ungió así las resoluciones sobre HidroAysén de política pública. Ya el anuncio piñerístico de una carretera eléctrica con involucramiento del Estado como respuesta a las movilizaciones de mayo de 2011 había seguido tal camino.

Pero no es la primera vez que esta familia dice algo con lo cual concuerda la ciudadanía organizada. Ya en 2007 en una entrevista en la revista Qué Pasa Bernardo Matte dijo, y cito textual, “no hay posibilidad de que las ONG paralicen el proyecto”. En esto tenía toda la razón. La suspensión indefinida conocida por estos días no la lograron las organizaciones no gubernamentales. Ha sido un triunfo de la ciudadanía. Porque aunque no cabe la menor duda de que a fin de cuentas la decisión de Colbún es económica (ni social, ni ambiental, ni espiritual, ni patriótica), los mayores costos actuales y futuros, y la incertidumbre que vive el proyecto, se relaciona con la oposición a todo nivel. La que construimos entre todos. Al igual que el impulso a tecnologías verdaderamente sustentables, que cada día bajan más de costo, y que Chile se merece hoy más que nunca.
Por cierto que el anuncio de Colbún es un chantaje. Pero es uno desesperado. Interpela al Ejecutivo y al Legislativo, a la clase política a fin de cuentas, y al Poder Judicial también, con el fin de construir una política energética, pero una con minúsculas. Así ocurre cuando no se considera que participe la ciudadanía, la que será eventualmente afectada por mega proyectos o que asumirá el costo de la electricidad.

No es posible construir una verdadera política energética país con sólo una parte de los involucrados. Eso Chile ya no lo acepta. Menos aún cuando el gobierno tiene problemas de legitimidad según muestran las encuestas. Lo mismo para el Congreso, al que se suma su conformación antidemocrática producto del binominal.

Por eso, desde ya expresamos, Chile no está dispuesto a apoyar ninguna legislación hecha a la medida de los megaproyectos. Los chilenos, ya lo hemos dicho, no queremos ninguna Ley HidroAysén. Al contrario, el futuro está en la desconcentración.

Por así decirlo, llegó la hora de arrebatarle a los de siempre el interruptor.

Fuente: Aquíaysén -por Patricio Segura  – Publicado 05 junio 2012 – Enlace a la Fuente de este artículo

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