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Sobre la Industria de la Obstrucción y una Patagonia sin Represas

Sobre la Industria de la Obstrucción y una Patagonia sin Represas
Octubre 23
18:19 2013
Foto: Agencia Uno

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Esta es la mala práctica que acostumbran tener algunas empresas, donde más que invertir en hacer buenos proyectos, lograr acuerdos con las comunidades y contribuir al desarrollo local, se preocupan del lobby, la compra de voluntades y una publicidad engañosa.

Las afirmaciones del presidente de la Sofofa en el Foro Anual de la Enade, acusando a las organizaciones socioambientales de establecer una verdadera “industria de la obstrucción” para los mega proyectos eléctricos que pretenden ejecutarse en el país, en nuestra percepción representan una lamentable vuelta al pasado en el discurso empresarial, que en otras voces y oportunidades, acusaba recibo del cambio de época que vive el país y del empoderamiento ciudadano que llegó para quedarse.

Se constata en las afirmaciones del nuevo dirigente corporativo del mundo empresarial, que le incomodan que las personas naturales y jurídicas exijan el respeto de las normativas existentes y la igualdad ante la ley, reclamando de manera provocativa que todas las comunidades y la ciudadanía se hagan un lado para que ellos hagan sus grandes negocios, sin importar los costos externos que pudieran significar. Esta es la mala práctica que acostumbran tener algunas empresas, donde más que invertir en hacer buenos proyectos, lograr acuerdos con las comunidades y contribuir al desarrollo local, se preocupan del lobby, la compra de voluntades y una publicidad engañosa.

Si exigir que se cumpla el Estado de Derecho para todos los proyectos de inversión, para los que no lo cumplen bienvenida la obstrucción, como por ejemplo HidroAysén que es el emblema de los proyectos mal gestados y mal habidos. Si se trata de defender los derechos ciudadanos y la calidad de vida de las comunidades locales, invadidas por proyectos que les arruinarían su futuro, bienvenida la obstrucción.

Ya no es sostenible un desarrollo que no considere a la sustentabilidad como principio rector de su cometido, la armonización de lo económico, lo social y lo ambiental, no es solo un imperativo ético de la buena empresa, sino un compromiso del país frente al mundo y una regla que todos deben cumplir, incluso los más poderosos que suelen situarse por sobre el bien y el mal.

El mundo entero y Chile en particular tienen comprometido su desarrollo futuro por no haber sabido frenar a tiempo la maquinaria economicista que busca el lucro en todo lo que ve, teniendo a la codicia como su valor supremo. ¿Qué derecho tienen estas generaciones de empresarios de destruir el capital natural del país para el logro de sus objetivos de lucro particular? ¿Qué les vamos a traspasar a nuestros hijos y nietos de un país donde le habremos agotado sus minerales, contaminado su medio ambiente y destruido su Patagonia solo para darle energía a la depredación sin límite? ¿Serán capaces de entender esta nueva cohorte de empresarios que el planeta tiene límites físicos y restricciones ambientales que no dependen de su escueta evaluación económica del TIR y el VAN?

Por lo que se aprecia en este anacrónico discurso empresarial, a las organizaciones socioambientales no les quedará otra que permanecer en permanente estado de alerta y movilización, para evitar que, como ha sido histórico de nuestro modelo de desarrollo, les pasen a llevar sus derechos en nombre de un crecimiento económico, que les llega solo a unos pocos sin que signifique un verdadero desarrollo.

Fuente: eldinamo.cl, columna de Patricio Rodrigo, Director del Programa de Medio Ambiente y Energía Fundación Chile 21. Secretario Ejecutivo del Consejo de Defensa de la Patagonia; publicado 23 octubre 2013, enlace a fuente de la noticia

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