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La participación indígena y ciudadana en proyectos geotérmicos

La participación indígena y ciudadana en proyectos geotérmicos
noviembre 04
10:25 2013
Foto: laopinion.cl

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La mayoría de los proyectos de energía ciudadana son proyectos eólicos o fotovoltaicos, desarrollados mayoritariamente en países que están muy comprometidos con las energías renovables. Pero esos países no se focalizan en la geotermia, actividad que es productiva principalmente en Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón y China.

La geotermia es unas de las energías renovables más ecológicas, con mayor capacidad de producción de calor y/o electricidad. No depende de las condiciones atmosféricas (lluvia, viento o sol) y es una energía casi infinita presente en todos los continentes. Su extracción depende de la estructura geológica del suelo o de la composición de las rocas, pero las tecnologías actuales permiten un desarrollo geotérmico planetario. Sin embargo, los costos de inversión de una planta geotérmica constituyen el mayor obstáculo para su largo desarrollo.

En mi opinión, la cooperación local con grandes empresas y colectividades locales, así como la implantación de centrales de baja temperatura son los factores esenciales para el desarrollo de la participación ciudadana en proyectos geotérmicos.

Geotermia en Nueva Zelanda: larga participación de los Maoríes

Nueva Zelanda tiene un enorme potencial geotérmico, a saber, los yacimientos producen el 15% de su demanda total en electricidad. Además, la mayoría de las tierras destinadas a la geotermia pertenecen a pueblos Maoríes.  Por eso, el Estado y las grandes empresas tienen que negociar con ellos  e incorporarlos como socios, para que puedan desarrollar sus necesidades.

En torno a la legislación geotérmica, el Acto de Gestión de los Recursos de 1991 consiste en una amplia reforma para “promover la gestión sostenible de los recursos naturales y recursos físicos” respetando las tierras de los pueblos Maoríes. El artículo 30 otorga a los Consejos Regionales los derechos de controlar el uso de agua, incluso el control y el uso de la energía geotérmica, lo que abroga el derecho exclusivo de producción y control por parte de la Corona.

Además, el artículo agrega que tienen que “reconocer y prever como una cuestión nacional la relación entre los Maoríes y sus culturas y tradiciones, sus tierras ancestrales, aguas, sitios y otros tesoros”. El artículo 14 continúa en la misma perspectiva: las autorizaciones de explotación geotérmica sólo pueden ser otorgadas si su uso se conforma a un plan regional y a los pueblos Maoríes.

Existen también asociaciones dedicadas a fomentar negocios entre los productores y los pueblos Maoríes. Por ejemplo, El IDG (Innovations Development Group) es una Organización internacional que apoya a los indígenas de Hawái y del Pacifico en general, para que exploten por sí mismos sus recursos naturales y más precisamente, desarrollen la geotermia. Se trata de un modelo conocido como “Comercio Indígena para Indígenas” que funcionó muy bien en un proyecto neozelandés llamado Te Ahí O Maui.

Se trata de una estación geotérmica de aproximadamente 50MW ubicada en Kawerau, Bahía de Plenty. Nació en 2011 con la colaboración de la central maorí Kawerau A8D, del Eastland Group, una empresa dedicada a la producción de electricidad en toda Nueva Zelanda, y del IDG. El objetivo es producir 15.000 toneladas de líquido geotérmico al día con un potencial de 15KW en 2 años; su presupuesto es de 45 a 60 millones de dólares para distribuir la electricidad producida en la misma Bahía de Plenty.

El movimiento Te Ahí O Maui no podría haber existido sin esta colaboración con el IDG, que trajo expertos de desarrollo, y con Eastland Group que participó en el financiamiento y mandó expertos técnicos relacionados con la producción de electricidad.

Así, algunas empresas de explotación geotérmica empezaron a negociar contratos para explotar tierras indígenas, favoreciendo la participación de los Maories en el desarrollo de sus recursos naturales. Este tipo de colaboración es única y tiene que ser exportado alrededor del mundo.

La participación ciudadana, ¿puede aplicarse a proyectos de energía geotérmica?

Como lo hemos dicho, los costos de inversión de una planta geotérmica son imponentes, la rentabilidad depende de la situación geológica y no está al alcance de todas las comunidades o asociaciones. En efecto, las obras necesarias para construir una central de una capacidad de 15 KW cuestan alrededor de 35 millones de euros, 6 millones de los cuales (17% de las inversiones totales) sirven solo para la exploración geológica, geofísica y la perforación de los suelos. Por eso su explotación es esencialmente controlada por grandes empresas privadas y por el Estado.

Sin embargo, la geotermia de baja temperatura consiste en una mayor alternativa para proyectos de cooperación local. Se trata de desarrollar la energía geotérmica a escala de los individuos y de los colectivos, instalando una planta en hogares o edificios del sector terciario (hospitales, administración, centros comerciales etc.), para una producción local de calor o de frío, con grandes beneficios en comparación con otros gases contaminantes. La central explota los recursos energéticos de menos de 30ºC en los subsuelos o los acuíferos, donde el calor producido se transmite a la red gracias a bombas de calor. Esas bombas pueden invertir el sistema para producir enfriamiento y climatización durante el  verano. ¿Y por qué no cooperar para invertir juntos con la ayuda de asociaciones, municipios y empresas locales?

En resumen, pienso que una ley como la que estableció Dinamarca en el caso de la energía eólica puede ser adaptada a proyectos geotérmicos para fomentar la creación de asociaciones de ciudadanos para un uso local, con algunas condiciones, a saber:

– El respeto de las distancias entre el lugar de la explotación y las comunidades involucradas para evitar los conflictos territoriales.

– El fomento de las cooperaciones entre las comunidades y los ciudadanos con los proveedores de electricidad para alimentar la central. Lo mejor sería que los municipios la proveyeran por sí mismos para una verdadera producción local, tal como ocurre en Alemania, donde la gestión energética es muy desconcentrada.

– Una legislación precisa en cuanto a la dimensión de las centrales, porque una explotación geotérmica necesita más espacio que una central eólica o paneles solares. Por eso, es necesario privilegiar las pequeñas centrales de baja temperatura para este tipo de cooperación ciudadana.

–  Asegurar una fijación de tarifa adaptada al desarrollo local, como alivios fiscales, fondos de inversiones dedicadas o fondos de garantía.

Fuente: Columna de Théo Drilleau, estudiante pasante en el IEP.

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