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Impactos ambientales de la guerra de Irak
y uso del mortal Uranio Empobrecido
Sara Larraín
Directora
Programa Chile Sustentable
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Sara Larraín |
Durante estos días hemos
asistido al despliegue de acciones militares y bombazos a "lugares
estratégicos" a través de los medios de comunicación.
A una apología bélica débilmente matizada por
escasas imágenes de prisioneros y heridos que da cuenta a
medias de la abominable catástrofe humanitaria, social, económica
y ambiental que genera esta guerra.
La destrucción de sólo algunos "objetivos estratégicos",
como las instalaciones de energía y agua potable de la ciudad
de Basora, la segunda del país, durante el bombardeo de hace
4 días, está a punto de provocar un desastre humanitario
a millones de personas. Los hospitales de Basora, repletos de heridos,
están sin agua ni electricidad.
Unicef declaró además, que 100.000 niños
menores de 5 años están en grave riesgo de deshidratación
y muerte. Ingenieros y técnicos de la Cruz Roja Internacional,
por su parte, trabajan para restaurar parte del sistema de abastecimiento.
Además de estos graves impactos, consecuencia de la destrucción
de fuentes de agua, energía y alimentación denunciados
por las organizaciones humanitarias presentes en Irak, aún
existe información de los impactos sobre la gente, sus casas,
ciudades y campos provocados por las 3.000 bombas que el gobierno
de Bush anunció lanzar durante las primeras 48 horas, pero
aún sin poder calcular la escala del desastre humanitario,
ambiental y económico, sobre la base de las escenas mostradas
en los periódicos y la TV, y a los antecedentes de la guerra
del Golfo, podemos interpretar qué impactos representan.
Hemos asistido a bombardeos de ciudades, complejos industriales,
plantas térmicas y múltiples incendios que incluyen
una gran cantidad de pozos petroleros. Científicos de centros
académicos como la Universidad de Princeton han señalado
que al gobierno norteamericano no le preocupa el impacto ambiental
de sus operaciones militares, pues los consideran sólo "daños
colaterales", no aceptando que el ambiente y los recursos naturales
son concretamente un blanco bélico.
Está latente la experiencia de conflictos recientes como
el de Vietnam donde el uso de potentes herbicidas para destruir
las zonas boscosas tuvo y continúa teniendo impactos apocalípticos
sobre los ecosistemas y efectos de largo plazo para la salud de
la población.
Ni los gobiernos ni las fuerzas armadas han dimensionado los impactos
humanitarios, ambientales y económicos que están generando
las guerras modernas en forma inmediata y en el largo plazo. Las
guerras recientes no sólo han generado mayor cantidad de
víctimas civiles, sino además, crecientes e irreversibles
impactos ambientales.
Cuando cada bomba explota, genera temperaturas sobre 1000ºC,
lo que junto a la fuerza explosiva no sólo aniquila infraestructura,
flora, fauna y personas, sino destruye la estructura y composición
de los suelos, los que demoran cientos y miles de años en
regenerarse. A los terribles daños de las bombas, explosiones
e incendios que le siguen, están los impactos de las explosiones
de los "objetivos estratégicos" tales como los
complejos industriales.
En la reciente guerra de los Balcanes, el bombardeo de una fábrica
de plásticos y otra de amoníaco lanzó a la
atmósfera dioxinas y tóxicos como cloro, bicloroetileno,
cloruro de vinilo y otros de impactos directos sobre la vida humana;
pero además con impactos residuales en el ambiente.
En el caso de Irak hay que considerar los impactos del derramamiento
y la quema intencional de petróleo. El incendio de los pozos
petroleros está generando grave contaminación atmosférica,
terrestre, de aguas superficiales y subterráneas.
Los impactos sobre ecosistemas y la salud de la población
son gravísimos por los niveles letales de dióxido
de carbono, azufre e hidrocarburos orgánicos volátiles,
por sólo nombrar algunos. Los incendios en 500 pozos de petróleo
durante la anterior guerra del Golfo lanzaron a la atmósfera
3 millones de toneladas de humo contaminante. La nube cubrió
100 millones de kilómetros cuadrados, afectando el territorio
de 4 países, lo cual provocó enfermedades respiratorias
a millones de personas. Los derrames mataron a más de 30.000
aves marinas, contaminaron 20% de los manglares y la actividad pesquera
se arruinó.
Según el World Resources Institute, los residuos tóxicos
de la guerra del Golfo afectarán a la industria pesquera
local "por mas de 100 años" a lo que debemos sumar
los impactos de la guerra actual y a los ecosistemas agrícolas
y las cuencas de los ríos Tigris y Eúfrates entre
otros, de los que dependen casi todas las actividades económicas
del país. Finalmente se espera que Estados Unidos, tal como
en la guerra del Golfo, vuelva a usar municiones con "uranio
empobrecido" (depleted uranium-DU) en aviones, tanques, cañones
antitanques y minas terrestres por su densidad y capacidad de penetración.
Estas municiones explotan, arden al atravesar el blanco aumentando
su poder destructivo y generan gran dispersión de óxido
de uranio a la atmósfera, contaminando químicamente
a los seres humanos y al ambiente. Diversos informes señalan
que la contaminación química y radiactiva del uranio
empobrecido en Irak es responsable del gran aumento de abortos,
malformaciones genéticas, leucemia infantil y cáncer
en el Sur de este país; justamente cerca de la recién
bombardeada ciudad de Basora, donde en 1991 se utilizó la
mayor cantidad de municiones del letal elemento.
Sin duda en esta guerra el uranio empobrecido, en armas de mayor
poder de fuego, dará nuevamente ventaja Estados Unidos, mientras
que los impactos ambientales y sanitarios de las armas dejarán
una herencia de secuelas casi imposibles de superar, para concretar
un desarrollo social y económico en Irak en las próximas
décadas. Esperamos que parte de esta información permita
a los ciudadanos chilenos balancear un poco su percepción
respecto a las sanitizadas imágenes de batallas y bombardeos
que día a día cubren la mayor parte de los medios
de comunicación nacionales e internacionales. Este documento
refuerza la postura de Chile y sus ciudadanos en contra la guerra.
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