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09/04/2003

 

La Contaminación de la prensa chilena

 

Casi nunca voy al Liguria. Me parece más una picada-vitrina del teveset local que un bar de copas. La música demasiado estridente, los famosos en pose constante y los curiosos en permanente estado de alerta. Las minas no son tan espectaculares como sus fans quisieran y el ambiente es falso como un billete de 3 mil pesos. Los precios no se ajustan a la realidad, la atención es mala y urgida y, a la hora de comer, la oferta es altamente deficiente. Pero fui citado allí, y llegué. ¿Por qué?

Don Podestá fue compañero mío en el colegio y, tal vez, el primer amigo que tuve. Teníamos intereses comunes: jugábamos fútbol en el seleccionado del colegio, nos gustaban los helados de mora de La Foca, leíamos poesía en la Plaza de los aburridos, cortejamos a las mismas niñas, a veces él primero, y otras él segundo. Todos los viernes nos juntábamos en la “popular” del Marconi; a veces, los lunes, en la popular de El Golf; revisábamos los mesones de La Feria del Libro, en la Alameda y después nos dábamos unas vueltas en las sillas voladoras de Los Juegos Diana, que estaban detrás de La Feria del Libro. En la era de los trolleys tomábamos uno que iba al centro, juntábamos plata para ir a la matiné del Rex y de allí a comer unos deliciosos completos o paltas mayo al Dominó.

A veces íbamos con el turco Yazigi, que era hijo del dueño de los cines City y York, y después nos íbamos a La Novia a comer panagras, que era un plato de helados con frutas, crema chantilly y salsa de chocolate caliente chorreada por encima y galletas oblea. En aquella época se podía hacer eso, y mucho más. Nos volvíamos a pie por el parque Forestal, el parque Japonés, Providencia, la panadería Castaño, donde comprábamos berlines a mitad de precio porque el chico Castaño era compañero nuestro en el colegio, y seguíamos a pie hasta el canal San Carlos donde hacíamos calabaza. Don Podestá era lo que se llama un amigo, compinche, collera, riel, en fin, el nombre que sea. El día que se fue a Estados Unidos con su familia, me dejó su colección de Capitán Marvel, su honda porotera, tres números de La Pequeña Lulú, dos libros de la colección La Linterna Roja y la foto de nuestra amada en común, una preciosa vecina parecida a la Pier Angeli, colegiala de la Alianza Francesa, y que nos rechazó a ambos y que sólo por eso la amamos hasta el día de hoy según me enteré recién.

Don Podestá fue hasta hace muy poco, de acuerdo a su relato, Subdirector de Información del Washington Post. Era compañero de trabajo de Woodward y Bernstein y sus cuentos sobre ellos nos entretuvieron las mejores dos horas que pasé en el bar. Don fue el encargado de diseñar la primera plana y de escoger los artículos y fotografías que salían en ella. La pregunta inevitable –eres exactamente el huevón número 750 que me la hace- es quién era Garganta Profunda. Seguimos hablando de periodismo, que es el tema que a él le apasiona y que a mí me tiene absolutamente sin cuidado; pero, su entusiasmo es tal que es envolvente. Clara, su mujer, lo mira con veneración, y es que Don es simpático, canchero, sofisticado, y ha tenido la suerte de estar en el momento preciso en el lugar correcto. Así que me acomodo al tema y balbuceo algunas opiniones irrelevantes.

Don se explaya en un tema que conoce al revés y al derecho. Compara la prensa norteamericana con la sudamericana, define criterios de análisis y concluye que el periodismo de hoy es totalmente distinto del periodismo de los años sesenta y setenta. Hay un aspecto que se ha incorporado en la definición del periodismo contemporáneo como relevante: la regla de las dos fuentes. Me sorprendo cuando me la explica. ¿Cómo se distingue la información verdadera de la falsa? No siempre se consigue distinguirla, pero la manera de hacerlo es con investigación, mucha investigación, más entrevistas con gente que tenga diversos puntos de vista y mediante el chequeo y la comprobación. Así, algo que sea sensacional, una acusación, una denuncia, la imputación de malversación a un funcionario, solamente porque lo haya dicho alguien no es noticia. ¡Plop!

Y qué pasa con la prensa hoy que ha decidido cambiar información por entretención. El ciudadano medio recibe infinitamente más información que nunca pero parece estar cada vez menos interesado en entender la complejidad social y política. El problema es grave. Hay mucho material que llega por múltiples medios que no son realmente de información, sino de entretenimiento. La televisión por cable te conecta a canales especialistas en rock’n roll, dibujos animados, deportes, historia de los deportes, historia, historias de la historia, descubrimientos, científicos, seudo científicos, médicos, religiosos, institucionales. Y con todo eso no han logrado aumentar las 24 horas que tiene el día, aunque en Chile sí lo hicimos. El día que atrasamos los relojes una hora tuvo 25 horas.

El ciudadano común y corriente, que ha trabajado sus nueve o diez horas en una oficina y que después ha estado una hora bloqueado en el tráfico para llegar a su casita en el barrio emergente para gente emergente y tiene que ayudar a los niños con sus tareas y ayudar a su señora a preparar la comida, porque su señora también trabaja todo el día igual que él, ¿qué tiempo le queda para informarse seriamente de los que no es personalmente interesante o importante para él? Guerra en Iraq, Copa Libertadores, Inverlink, Corfo, Mop, Gate, diputados, concejales, alcaldes, ministros, subsecretarios, parientes, nada de eso le conmueve. Quizás la transmisión del clásico Colo Colo – Universidad de Chile, Macho’s y El Termómetro le compliquen su capacidad de decisión, pero nada más. Es muy posible, incluso, que se informe en la cnnenespañol.com al día siguiente en su computador personal mientras se toma el segundo café de la mañana, y listo. Y allí, en la CNNN se informará sólo de aquello que la estación quiera darle, es decir, lo que Ted Turner quiere informar.

Don me citó para el día siguiente y enmarañados en unos spaghettis a la marinara en Da Carla, seguimos conversando, él hablando y yo aprendiendo. Lo que sigue es el desarrollo de algunos de los temas que abordó mi amigo Don, que está sorprendidísimo con el papel que está cumpliendo la prensa chilena en relación a los casos de corrupción.

Fuente: La Pirca News
Colaboración de Maldoneitor. Editó el Vitorio.

Para mayores informaciones contactarse con Pamela Velasquez y Rodrigo Cerda Iturriaga, Fono 2-223 90 59, e-mail comunicaciones@iepe.org
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