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La pena de muerte en Cuba y EEUU
por Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nóbel de la Paz 1980 y director del SERPAJ- Argentina
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Pena de muerte "a la americana" |
Desde hace más de cuarenta
años Estados Unidos viene presionando a Naciones Unidas,
gobiernos y organizaciones para lograr la condena de Cuba, acusándola
de violar los derechos humanos, a fin de justificar el bloqueo unilateral
que viene realizando sobre la isla. Esto no es novedad: la política
de Estados Unidos imparte premios y castigos a los gobiernos que
desobedecen sus órdenes, como el condicionamiento de los
créditos y las relaciones comerciales, para que voten contra
Cuba en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra.
Busca someter a gobiernos sumisos. Naciones Unidas no se atreve
a condenar a los Estados Unidos por sus largas y sangrientas intervenciones
en muchas partes del mundo, como las invasiones a Panamá,
Santo Domingo, Haití, Nicaragua, El Salvador, Camboya, Vietnam,
Afganistán, entre otras, y el apoyo sistemático a
las dictaduras militares que responden a sus intereses. El hecho
más dramático y notorio es la reciente invasión
a Irak, con! miles de muertos y mutilados, desconociendo a las Naciones
Unidas y el derecho internacional, provocando el colapso de las
relaciones internacionales y desconociendo el clamor de los pueblos
que se alzó con fuerza para decir "No a la guerra".
Los derechos humanos deben estar vigentes en todas partes del mundo
y defendidos los derechos de las personas y los pueblos. No es posible
que se condicionen para algunos y se silencien cuando responden
a intereses políticos, económicos o ideológicos
de las grandes potencias.
La pena de muerte debe ser desterrada en todos los países
que la incluyen en sus constituciones y leyes. Cuba aplicó
la pena máxima a tres personas responsables de actos terroristas
al secuestrar embarcaciones y frente a otros hechos como el secuestro
de aviones que se dirigieron a Miami. Hechos que fueron juzgados
y condenados conjuntamente con otros responsables a duras condenas
de prisión. Este hecho motivó una fuerte campaña
y amenazas crecientes de George W. Bush contra Cuba para que la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra la condene.
Muchas voces en pro y en contra de Cuba se alzaron. El gobierno
cubano explicó su decisión extrema frente a los actos
terroristas de que fue víctima y la escalada de los Estados
Unidos en contra del pueblo cubano.
José Saramago alzó la voz para decir "Hasta
aquí he llegado", rechazando la pena de muerte y las
duras condenas aplicadas contra disidentes apoyados por Estados
Unidos. Las iglesias evangélicas se pronunciaron contra la
política de Estados Unidos y frente a las penas de muerte;
intelectuales cubanos a los que se sumaron algunos premios Nobel,
como Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú,
Nadine Gordimer y Pérez Esquivel, apoyaron el llamado a la
conciencia y comprensión sobre la situación cubana.
El papa Juan Pablo II pidió clemencia y se expresó
una vez más contra la pena capital, siendo uno de los más
claros oponentes contra la guerra en Irak.
Personalmente rechazo y condeno la pena de muerte en el mundo;
considero que debe ser desterrada definitivamente. También
he señalado que Estados Unidos no tiene autoridad moral para
condenar a otro país y menos aún a Cuba, que viene
soportando durante más de 40 años un bloqueo injusto
y la agresión permanente impuesta por la gran potencia.
Estados Unidos es responsable de crímenes de lesa humanidad,
igual que Gran Bretaña y Australia, por los crímenes
cometidos contra el pueblo iraquí; sus mandatarios deben
ser juzgados como criminales de guerra y representan una amenaza
creciente para la humanidad. Debemos tener responsabilidad con nuestros
pueblos y el mundo; señalar y reclamar políticas que
hacen a la vigencia de los derechos humanos en todos los países
y la abolición de la pena de muerte, en Cuba, en Estados
Unidos, en Nigeria y en cualquier otro país donde estuviere
vigente.
Es necesario ser solidario con el pueblo cubano y apoyarlo decididamente
en el levantamiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos, reclamar
el derecho de autodeterminación de los pueblos y la integración
continental. El mundo se encuentra frente a un imperio que busca
por la fuerza de las armas imponer sus propios intereses y avasalla
los derechos de otros pueblos; que no tiene respeto por la vida
y los derechos humanos de los demás; una potencia que desconoce
a Naciones Unidas y el derecho internacional, como la Corte Internacional
Penal, y pretenden imponer a los demás sus propios tribunales,
desconociendo todo estado de derecho.
Esa actitud y decisiones totalitarias arrastran a la humanidad
a situaciones imprevisibles y pretender imponer un nuevo desorden
internacional. La solidaridad con Cuba debe ser coherente con los
principios y valores humanitarios, rechazar la pena de muerte y
reclamar al gobierno su abolición. Apoyar al pueblo cubano
en sus derechos de autodeter! minación y soberanía.
Cuba es uno de los pocos países con decisiones propias que
hacen a su identidad, valores y soberanía.
Fuente: LA JORNADA
Enlace: http://www.jornada.unam.mx/
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