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Chile y el Caso Ralco:
La justicia tarda, pero llega
Sara Larraín
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Represa Ralco |
Después de media década
de conflictos y resistencias y cuando las últimas 14 familias
pehuenches (dramáticamente arrinconadas) negocian con la
empresa y el gobierno, la justicia chilena anuló la validez
del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que aprobó la represa
Ralco.
Finalmente, los indígenas y los ecologistas "demonizados"
en su oposición a Ralco y tachados de "activistas de
oscuras causas ideológicas" tenían la razón
de acuerdo a la legislación vigente. Su oposición
al proyecto, por ende, es coherente con la ley y el estado de derecho.
La represa Ralco en el Alto Bío Bío, no sólo
se aprobó con falta de estudios y con irregularidades técnicas
en materia ambiental, las que tampoco fueron subsanadas por los
adendum que contemplaba el Sistema de Evaluación de Impacto
Ambiental sino que también contenía graves violaciones
a la legislación indígena, lo que vulneró derechos
consagrados en ella que protegían a los pehuenches.
Entre ellos, los artículos 1 y 13 que establecen la protección
de los territorios indígenas y obliga al estado a ser garante
de dicho derecho inalienable. El artículo 34 y los siguientes
se refieren al requisito del pleno consentimiento de las comunidades
sobre cualquier proyecto o plan de desarrollo que se establezca
en sus territorios.
Ante esta violación flagrante, la Comisión Nacional
de Desarrollo Indígena, debió dramáticamente
aceptar la renuncia del director de la época y posteriormente
la de sus consejeros que no estuvieron dispuestos a encubrir dichas
ilegalidades. Desde allí en adelante la CONADI perdió
toda independencia y obcecadamente, el gobierno continuó
tejiendo la vergonzosa historia de ignominias del caso Ralco.
Políticamente este hecho le costó al gobierno la
ruptura definitiva con el pueblo mapuche, con el cual había
iniciado un nuevo vínculo a comienzos de la transición,
a partir del acuerdo de Nueva Imperial en 1989 y la promulgación
de la Ley Indígena en 1993.
No quiero ahondar en las responsabilidades que le caben a la empresa,
incluyendo a la Era Yuraszec y a ENDESA -España, sino sólo
señalar cómo a través de la presión
económica un sector puede manipular la política y
las comunicaciones, para borrar cualquier indicio de legitimidad
de sus opositores.
Esta situación duele por la inequidad e injusticia: gran
parte de los ciudadanos informados de este país saben que
legalmente Ralco es una represa construida sobre la base irregularidades,
que podría forzarse su construcción pero en términos
legales no podría ser llenada salvo que la empresa y gobierno
quisieran escandalizar al país con una pelea entre la Ley
Indígena y la Ley Eléctrica, lo que nacionalmente
le causaría costos políticos insospechados y el descrédito
internacional (aunque éste ya está patente de acuerdo
a la acusación de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos en el sentido que Chile ha violado los derechos indígenas
y su propia legislación en el caso Ralco).
La pregunta es ¿cómo puede sostener un país
una política de hechos consumados que entrega prerrogativas
a los sectores con acceso al poder de turno, aún a costa
de caer en la manipulación y ruptura de sus propias leyes
pisoteando los derechos de sectores pobres y con menos poder político?
En esta ocasión el gobierno, quien en su calidad de máxima
autoridad debiera compensar a las comunidades pehuenches por el
daño y los sufrimientos de los cuales fueron víctimas
estos años, está tratando de encubrir - a través
del subsecretario Jaime Andrade - las ilegalidades, mediante aceleradas
negociaciones económicas con las familias pehuenches en el
Alto Bíobío, donde la empresa se resiste a aumentar
el monto que ha dispuesto para comprar voluntades y permutas - no
libremente deseadas por los indígenas - y asegurar su silencio.
Observamos desde todo el país y no puedo sino expresar
que la escena indigna y avergüenza. No es la imagen de país
que queremos, ni las formas de convivencia nacional a las que aspiramos.
¿Cuántos años faltarán en Chile, para
que se haga justicia y las cosas se llamen por su nombre?
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(*) Directora del Programa Chile Sustentable y ex candidata presidencial
ecologista.
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