Centenario del poeta: Neruda, una vida de poesía

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LA BARCAROLA. EL BOSQUE

Hora verde, hora espléndida¡ He vuelto a decir sí

al perteneciente silencio, al oxígeno verde,

al avellano roto por las lluvias de entonces,

al pabellón de orgullo que asume la arucaria,

a mi mismo, a mi canto cantado por los pájaros.


Escuchen, es el trino repetido, el cristal

que a puro cielo clama, combate, modifica

es un hilo que el agua, la flauta y el platino

mantienen en el aire, de rama en rama para,

el juego simétrico de la tierra que canta,

es la estrofa que cae como una gota de agua


PIEDRAS ANTÁRTICAS

Allí termina todo
y no termina:
allí comienza todo:
se despiden los ríos en el hielo,
el aire se ha casado con la nieve,
no hay calles ni caballos
y el único edificio
lo construyó la piedra.
Nadie habita el castillo
ni las almas perdidas
que frío y viento frío
amedrentaron:
es sola allí la soledad del mundo,
y por eso la piedra
se hizo música,
elevó sus delgadas estaturas,
se levantó para gritar o cantar,
pero se quedó muda.
Sólo el viento,
el látigo
del Polo Sur que silba,
sólo el vacío blanco
y un sonido de pájaro de lluvia
sobre el castillo de la soledad.

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